43 y 23

¿Vienes a buscarme hoy? Y un delicioso “sí” se escucha al otro lado.
Esas llamadas furtivas arrancan el blanco y negro de los días que no te veo. Permanezco sonriente mientras te escucho en el teléfono y luego de tu respuesta afirmativa, despierta la niña que llevo escondida tras mis veintitrés años, dando saltos de alegría. En la espera de tu llegada, me siento como una chiquilla que espera ansiosa la navidad por los regalos que traerán los reyes magos. Muchas veces soñé con encontrar un príncipe azul que me elevara hasta el cielo con sus brazos, pero a medida que fui creciendo sólo encontraba príncipes saltando en pantanos… puros sapos.
Tú me enseñaste que la atmósfera rosada es sólo producto de los cuentos de hadas, pero te advierto que los ojos de mi príncipe están puestos en tu cara. Nuestra vida juntos es nada fácil, pero nuestra vida separados es mucho más difícil. Cuando se supone que debería sentirme fuera de lugar, es cuando más segura me siento, es cuando más me entrego a lo nuestro. La mitad de mi sangre también corre por tus venas y eso me hace sentir más confianza. Si no me dañas porque soy la mujer que amas, tampoco lo harás porque soy parte de tu estirpe y la mitad de tu alma.
Pueden detonar críticas volcánicas sobre nosotros, pero entre tus brazos me siento protegida. No cambiaría tu amor por la satisfacción de muchos y espero que algún día nos comprendan. El niño que se oculta tras tus cuarenta y tres años siente que nace por vez primera, se asoma a la luz después de toda una vida en tinieblas. Me atreví a soñar con ser tu princesa y aquí estoy, hecha tu reina.
¿Cuándo vendrás de nuevo? “Pronto, muy pronto” y vuelvo a saltar loca de contenta, deseando que ese “pronto”... mañana amanezca.